La Fundación Juana de Vega participó hoy en la apertura de la jornada “Infraestructura verde y viticultura en el territorio de la IGP Betanzos”, celebrada en la sede de la Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo, en Abegondo. El encuentro, desarrollado en el marco del proyecto europeo ECOSPHEREWINES, reunió a representantes del sector vitivinícola, personal técnico, investigadores y entidades vinculadas a la innovación, la sostenibilidad y el desarrollo rural. También acudieron representantes del consorcio en Galicia. Junto con la Fundación Juana de Vega y Mariñas-Betanzos estuvo presente personal del Centro Interdisciplinar de Química y Biología (CICA) de la Universidade da Coruña y de la bodega Pagos de Brigante, donde se localiza la zona experimental en nuestra comunidad.

Durante la bienvenida institucional, el director de la Fundación Juana de Vega, José Manuel Andrade Calvo, destacó que esta jornada conecta directamente con dos de las principales líneas de trabajo de la entidad: “la apuesta por el desarrollo rural y por el fortalecimiento de los sectores productivos vinculados al territorio, y el impulso de la innovación, de la sostenibilidad y de la transferencia de conocimiento hacia el sector agrario y agroalimentario gallego”.
En su intervención, Andrade puso en valor la relevancia del sector vitivinícola en Galicia, “un sector que ha sabido construir una identidad propia basada en la calidad, en la diferenciación y en la puesta en valor de las variedades autóctonas como elemento singular”. Según recordó, el vino gallego es hoy “uno de los ejemplos más claros de cómo un sector agrario puede ganar posicionamiento, valor añadido y proyección exterior a partir de su conexión con el territorio”.
El sector está conformado por más de 10.000 viticultores, que gestionan unas 9.000 hectáreas, con más de 440 bodegas y un valor económico estimado de 337 millones de euros. Además, representa alrededor del 0,4 % del PIB de Galicia, aunque su peso es mucho mayor en los territorios vitivinícolas, donde alcanza el 1,9 % del PIB local, con una variación que va desde el 1,76 % en el territorio de la DOP Rías Baixas hasta el 3,5 % en Monterrei.
Andrade subrayó también que Galicia representa solo el 1,6 % de la superficie vitícola con Denominación de Origen Protegida en España, pero aporta el 7,8 % del valor total de las DOP españolas, lo que, según indicó, demuestra que “tenemos poca superficie en términos relativos, pero una enorme capacidad de generar valor”.
Con todo, el director de la Fundación advirtió de que el sector afronta retos importantes, como el pequeño tamaño de muchas bodegas, la fragmentación parcelaria, la falta de mano de obra, la elevada edad de los titulares de las parcelas o el abandono de superficie vitícola en determinados territorios, especialmente en la DOP Ribeiro y en la DOP Ribeira Sacra. A estos desafíos se suman otros cada vez más evidentes, como el cambio climático, la necesidad de conservar mejor los suelos, mejorar la disponibilidad de agua, preservar la biodiversidad y avanzar hacia modelos productivos más resilientes.
En este contexto, Andrade destacó el papel del proyecto ECOSPHEREWINES, liderado por la Fundación Juana de Vega en el marco del programa Interreg Sudoe, que trabaja en la mejora de los servicios ecosistémicos y de la infraestructura verde en zonas vitícolas de alto valor ecológico. “Se trata de analizar cómo determinadas prácticas pueden contribuir a una viticultura más sostenible, más adaptada al territorio y más preparada para afrontar los efectos del cambio climático”, señaló.
La jornada contó con una presentación del proyecto ECOSPHEREWINES a cargo de Alfonso Ribas, director del Área de Investigación e Innovación de la Fundación Juana de Vega, así como con una intervención sobre el proyecto Soil&WineResidues, centrado en la ecoeficiencia de las explotaciones vitivinícolas y en la valorización de los residuos del sector, a cargo de Juan José Villaverde, científico titular del CSIC en la Misión Biológica de Galicia.
Según Andrade, ambos proyectos responden a una misma idea de fondo: “la sostenibilidad no debe entenderse como una carga añadida para el sector, sino como una condición para su competitividad futura”. En este sentido, apuntó que la innovación ambiental puede ser una vía para generar valor, diferenciarse y reforzar la viabilidad de las explotaciones en un contexto marcado por la transición verde, el cambio climático y la necesidad de aprovechar mejor los recursos.
Visita a la parcela piloto
La sesión incluyó también una visita técnica a una parcela piloto, en la que se analizaron actuaciones de implementación de infraestructura verde dirigidas por el equipo técnico del proyecto. Esta parte práctica permitió observar sobre el terreno los primeros resultados de las soluciones orientadas a la conservación de la humedad de los suelos, al mantenimiento de la biodiversidad, a la mejora de la conectividad ecológica y a la adaptación de la viticultura a las nuevas condiciones climáticas.
En el cierre de su intervención, el director de la Fundación Juana de Vega defendió que “el futuro del rural gallego pasa por combinar conocimiento, innovación y colaboración”. “No hay desarrollo rural posible sin sectores productivos fuertes; pero tampoco habrá sectores productivos fuertes si no somos capaces de anticiparnos a los cambios, incorporar conocimiento técnico y trabajar conjuntamente con las universidades, los centros de investigación, las administraciones, las entidades del territorio y los propios productores”, concluyó.
