Desde su inauguración en 2009, el galardonado restaurante Culler de Pau (dos Estrellas Michelin, 1 Estrella Sostenible) ha ido dando pasos adelante para unir cocina e investigación a través de su huerta ecológica, que también es un proyecto de recuperación productiva y paisajística.
Tomando como referencia las fotografías de un vuelo americano de los años 50, fueron habilitando una parcela de 2.500 m2 a los pies del edificio principal. Primero se creó la zona de cultivo y después (2021) un invernadero y un bosque comestible.
Privilegiada es la situación del invernadero. A escasos metros de la ría de Arousa, es una estructura diáfana de cristal, madera y acero que convive en armonía con la horizontalidad de los bancales en los que crecen más de 200 cultivos. Desde nuevas variedades a otras que ya formaban parte del ecosistema del restaurante o semillas autóctonas recuperadas en colaboración con la Misión Biológica de Galicia (CSIC) como la cebolla de Vilanova, el guisante lágrima, el lino o el "maíz cuervo "millo corvo", de color negro.
El invernadero, dividido en zona de comedor-reunión y zona de investigación-cultivo, es una construcción ligera y permeable e incluso, desmontable. La regulación de la temperatura y de la humedad se hace mediante puertas correderas y ventanas automatizadas en la cubierta, consiguiendo una herramienta de control científico de los elementos naturales. La lluvia se recoge para reutilizarla en el riego y en la fuente de cultivos hidropónicos, que también es un espacio de encuentro para los vecinos, los productores, el personal y los comensales alrededor del flujo continuo del agua.
Un ciclo completo, desde lo plantado hasta el tratamiento de los residuos en los composteros de un espacio productivo rural que mira al Atlántico.
Valoración del jurado
Firmado por el estudio Prieto Patiño Arquitectura, el jurado valoró la actuación de un equipo multidisciplinar para recuperar el valor de especies vegetales autóctonas mediante el cultivo en un invernadero, construido en madera, que permite acercar a la ciudadanía la botánica, la gastronomía y el uso tradicional de las plantas, incluido el medicinal. “El diseño del invernadero es un ejemplo de cómo la arquitectura y la ingeniería sencillas pueden ofrecer buenas soluciones”, explican en el acta.
“El diseño del invernadero es un ejemplo de cómo la arquitectura y la ingeniería sencillas pueden ofrecer buenas soluciones”.
