Galicia explora un sistema para compensar a los viticultores por los beneficios ambientales que generan sus viñedos

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¿Cómo apoyar económicamente a los viticultores que contribuyen a la conservación del suelo, la biodiversidad o el paisaje? Esta fue la pregunta central del taller celebrado el pasado 11 de julio en Toén (Ourense) en el marco del proyecto europeo BIOservicES, en el que participaron viticultores, bodegas, administraciones, personal investigador y otras entidades vinculadas al sector. BIOservicES es una iniciativa que reúne a 22 socios de once países para profundizar en las interconexiones entre la biodiversidad del suelo, sus organismos y las funciones y servicios ecosistémicos en diferentes usos del territorio, y en la que la Fundación Juana de Vega participa como entidad asociada.

El encuentro se centró en la cocreación de un modelo de Pago por Servicios Ecosistémicos (PES) adaptado a las características de la viticultura gallega. Este tipo de instrumentos se basa en acuerdos voluntarios mediante los cuales las personas que gestionan el territorio reciben una compensación por los beneficios ambientales que generan sus prácticas, como la conservación de la biodiversidad, la protección del suelo, la mejora de la calidad del agua o el mantenimiento del paisaje.

Durante la jornada se analizaron las oportunidades y los retos para implantar este tipo de mecanismos en Galicia y se identificaron los elementos que debería incorporar un futuro sistema de incentivos para que resulte útil, viable y adaptado a las necesidades del sector.

Una de las principales conclusiones del taller fue que muchos viticultores ya aplican prácticas de gestión sostenible sin recibir un reconocimiento específico por su esfuerzo. Los participantes coincidieron en que avanzar hacia modelos productivos más sostenibles requiere no solo apoyo económico, sino también asesoramiento técnico, estabilidad y herramientas que permitan poner en valor el trabajo desarrollado en el territorio.

Entre las ideas más destacadas se señaló que el reconocimiento debe ir más allá de las compensaciones económicas e incluir mecanismos de certificación, visibilidad y sensibilización social. También se puso de manifiesto la necesidad de ofrecer un mejor acceso al asesoramiento técnico, adaptar las medidas a las condiciones locales de cada territorio y diseñar sistemas sencillos, flexibles y creíbles. Los asistentes coincidieron, además, en que resulta más práctico supervisar la implantación de las buenas prácticas que medir directamente todos los beneficios ambientales generados.

Los Pagos por Servicios Ecosistémicos ya se están aplicando con éxito en otros países europeos. En Italia, por ejemplo, la empresa alimentaria Barilla remunera a los productores de trigo en función de las prácticas agrícolas que favorecen la biodiversidad y la sostenibilidad. La Universidad de Tuscia, socia del proyecto BIOservicES y que participó en la creación de este modelo en Italia, trabaja ahora en la adaptación de este enfoque a otros sistemas agrícolas europeos, entre ellos la viticultura gallega.

La actividad fue liderada por la Universidad de Tuscia y contó con el apoyo de la Fundación Juana de Vega, la Universidad de Vigo y la consultora LGI. En concreto, la Fundación Juana de Vega se encargó, en colaboración con la UVigo, de identificar e invitar a los agentes del territorio, facilitar las mesas de trabajo, así como de explicar a la veintena de asistentes qué son los pagos por servicios ecosistémicos. «Este tipo de actividades y proyectos son muy enriquecedores, ya que permiten conocer de primera mano el punto de vista de viticultores, bodegueros, investigadores, administración pública y otros representantes del sector para diseñar iniciativas que ayuden a impulsar la competitividad y el valor del territorio», señalaron desde la entidad.

Un proyecto europeo para poner en valor la biodiversidad del suelo

BIOservicES reúne a 22 entidades de 11 países europeos con el objetivo de comprender cómo la biodiversidad del suelo contribuye al funcionamiento de los ecosistemas y a la provisión de servicios ecosistémicos en diferentes usos del territorio. El proyecto, coordinado por la Universidad Politécnica de Cartagena y que cuenta con la UVIGO y la Fundación Juana de Vega como socios gallegos, desarrollará nuevos indicadores, herramientas digitales y modelos de evaluación económica que permitan incorporar el valor de estos servicios a la toma de decisiones en agricultura y en la gestión del territorio.

En el marco del proyecto se analizaron más de 770 muestras de suelo procedentes de 25 emplazamientos experimentales distribuidos por cinco regiones biogeográficas europeas —alpina, atlántica, mediterránea, continental y boreal—, en las que se estudiaron más de cien indicadores físicos, químicos y biológicos. Además, durante los dos últimos años se desarrollaron experimentos de campo para evaluar cómo el cambio climático puede afectar a la biodiversidad del suelo y a los servicios ecosistémicos que proporciona. Estos experimentos simularon el incremento de la temperatura del suelo y la reducción de las precipitaciones, y en ellos se tomaron muestras de 120 suelos de usos seminaturales de cuatro regiones de Europa.

En el caso gallego, los usos del suelo corresponden a antiguas zonas de cultivo abandonadas en los años 70 y actualmente reconvertidas en áreas forestales con acacia, pino y roble, en las que se pretende evaluar cómo el cambio climático puede afectar al suelo. Esto podrá aportar información y conocimiento para desarrollar prácticas más resilientes y contribuir a la mitigación del cambio global.