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La agricultura ecológica sortea la crisis y continúa creciendo

El sector gallego aumentó un 21% su negocio durante el año pasado

Viven en entornos sanos y limpios, muy hermosos casi todos; trabajan en lo que quieren y se están pasando la crisis por el arco del triunfo: los productores ecológicos gallegos siguen creciendo en número, en diversificación y en beneficios. El año pasado, el sector cerró con un volumen de negocio de 17,1 millones de euros, frente a los 14,1 del 2009. El Consello Regulador, el órgano por el que pasa toda la producción gallega, se benefició en el 2010 de nuevas iniciativas que han puesto en el mercado desde conservas de pescado a algas o mejillones, los primeros del mundo en recibir el sello de producto ecológico.

Curiosamente, las velas de la producción ecológica en Galicia se están inflando a medida que el negocio se aleja de la agricultura. Más del 90% de la superficie inscrita en el Consello Regulador corresponde a praderías y forrajes que alimentan a explotaciones ganaderas, cuya carne se comercializa con el sello de producción ecológica, mientras que las tierras arables (huertas, cereales, legumbres...) apenas suman 225 hectáreas frente a las más de 14.000 inscritas.

El cultivo de frutas, hortalizas o tubérculos, pese al enorme potencial del país, es un complemento anecdótico en la pujante producción ecológica gallega, que se ha volcado en la ganadería y se asoma en los últimos años a la producción de derivados lácteos, la acuicultura y las conservas.

¿Agricultura?

¿Por qué no han arrancado las huertas en un sector efervescente y con unas condiciones naturales tan favorables? Es difícil de explicar, pero en el fondo subyace la legendaria dificultad gallega para convertir el asociacionismo en una herramienta eficaz, hasta el punto de que buena parte de los productos de huerta ecológicos que un consumidor adquiere en un comercio especializado gallego proceden de Navarra.

La avanzada edad media de la población rural es otro de los problemas a los que se enfrentan estas nuevas iniciativas, hasta el punto de que algunos productos que apenas requerirían tramitación burocrática, es decir, que ya reunirían hoy las condiciones para recibir el sello ecológico, como las castañas, se pudren por toneladas cada año por falta de gente que las recoja.

El sector se ha encontrado en Galicia, además, con un problema adicional que no se percibe en mercados como el catalán o el madrileño: muchos de los consumidores gallegos que potencialmente pagarían más por acceder a productos ecológicos disponen de una alternativa cercana y más barata para llenar sus neveras: la producción convencional que muchas personas todavía desarrollan en las aldeas. Este caudal de productos, sin sello ecológico pero con una calidad muy por encima de la que se puede encontrar en cualquier supermercado, sale cada fin de semana en los maleteros de miles de coches que se trasladan de la aldea a la ciudad.

Fijar población

Así que la excelente salud de la agricultura ecológica en Galicia está cimentada, paradójicamente, al margen de la agricultura. Por contra, las explotaciones ganaderas que han conseguido el sello ecológico para sus animales, mayoritariamente de vacuno, han ido creciendo hasta convertirse en el pilar fundamental del Consello Regulador. El paso siguiente ha sido la producción de leche, queso o yogures, que algunas explotaciones ya han introducido con éxito en el mercado y que el consello advierte como una vía de futuro para ampliar el negocio en estas explotaciones ganaderas.

En cualquier caso, el crecimiento de las granjas ecológicas ha abierto una nueva e importante vía para fijar población en el medio rural. De las 14.167 hectáreas inscritas en Galicia, más de doce mil se reparten entre las provincias de Ourense y Lugo, las más despobladas.

Fuente:La Voz de Galicia

 


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