El lugar fue el origen de todo. Este cruce era un punto simbólico y funcional clave: la entrada a la ciudad para millares de peregrinos que encaran el último tramo del Camino Francés tras el descanso en el Monte del Gozo, además de un ámbito de encuentro entre barrios y generaciones. Esta intervención nace también de su condición de frontera entre dos tejidos y dos escalas: el urbano contemporáneo y el histórico vinculado al Camino de Santiago. La lectura del territorio, de su memoria y de su topografía fue determinante. Como explica el autor, Eduardo Cruz: “no se trataba de imponer, sino de descubrir lo que podía ser, trabajando con el que existía”.
El proyecto abordó la reconstrucción de un ámbito urbano complejo, de aproximadamente 29.000 m2, marcado por la fragmentación y por la pérdida de continuidad entre tejidos. La propuesta formuló una estructura social y paisajística basada en la integración de la movilidad, la escala ciudadana y la memoria del lugar.
El proyecto sustituyó la lógica viaria por una concepción compartida del espacio público, introduciendo sistemas de drenaje sostenible (SUDs), arbolado continuo e iluminación a escala peatonal. El paisaje actúa como infraestructura activa, integrando función, percepción y sostenibilidad.
El uso y el tiempo fueron matizando la percepción inicial. El espacio reveló una nueva condición: más accesible y continuo, permeable y equilibrado, con desplazamientos directos y un equilibrio mayor entre peatón y vehículo. La ciudadanía comenzó a apropiarse del lugar, consolidando el sentido colectivo de una infraestructura que es, al tiempo, paisaje y ciudad.
Valoración del jurado
El jurado del Premio Juana de Vega de Intervenciones en el Paisaje 2025. Categoría Espacios Exteriores apreció especialmente la sobriedad y rigor formal y técnico de esta ejecución en su contacto con el ámbito de protección histórico de Santiago. Considera remarcable la solución específica para este cruce de caminos en el eje con la avenida de Lugo, la antigua vía de circunvalación a la zona urbana. En este punto, valora, se asumió un reto de gran calidad espacial soportada con soluciones que destacan la jerarquía del Camino de Santiago en su aproximación al templo.
La condición de gran espacio público con un tratamiento métrico, matérico y perceptivo adecuado con el tratamiento disuasorio del impacto del tráfico revitalizan la consideración de espacio público unificado, sin fragmentos, garantizando la dimensión de su razón de ser.
