Siglo y medio después de su muerte, Juana de Vega es una figura histórica de referencia en dos puntos muy relevantes en los que aún queda camino por recorrer: la igualdad de la mujer en todos los ámbitos y el desarrollo de organizaciones de la sociedad civil, que flexibilicen y complementen a labor del sector público.

Oleiros, 22 de junio de 2022

Juana de Vega era hija única de un empresario de origen humilde, que hizo dinero en la emigración y tuvo una importante actividad política de línea liberal, y se casó con un héroe de la Guerra de la Independencia, al general Espoz y Mina, de tendencias similares a las de su padre. Recibió Juana una buena educación, y la vida la situó en una posición desde la que pudo influir en la sociedad a favor de la democracia y el progreso. Estas ideas, en aquella España muy conservadora, la llevaron a vivir bastantes años en el exilio, donde entró en contacto con otras visiones de la sociedad y perfeccionó el dominio de varios idiomas. En su activismo se apoyaba también en la relación de confianza que mantenía con Isabel II, de la que fue niñera cuando la reina era una niña.

Las ideas y contactos de la Condesa de Espoz y Mina confluían en una tertulia que mantuvo muchos años en su casa de la Calle Real de A Coruña, y también fueron la base de su amistad con Concepción Arenal, la principal pensadora social de su tiempo, a quién acogió y dio apoyo.  Su progresismo se muestra igualmente en la organización, junto con Benito Vicetto, de los Juegos Florales de A Coruña en 1861, que dieron pie a la publicación del Álbum de la Caridad, en el que se recogen algunos poemas en gallego. Fue la primera huella del resurgimiento de la lengua. 

Juana destaca en espacios tradicionalmente reservados de aquella al género masculino. Fue una mujer que derribó barreras y apoyó a mujeres y hombres que intentaban hacer el mismo. Pero también es un ejemplo singular de activismo social, de ayudar a desarrollar instituciones de la sociedad civil para solucionar problemas colectivos y crear espacios de solidaridad con los más necesitados. Desde la Asociación de Mujeres que presidía creó un hospital para atender a los afectados de la terrible peste de cólera que golpeó a la ciudad en 1854, presionó para que Galicia había contado con un hospital psiquiátrico moderno, que años más tarde se levantó en Conxo, y presidió aquí la Cruz Roja, la primera grande organización civil en el espacio supranacional. Como finalización de su vida, dejó la mayor parte de su patrimonio para que, tras su fallecimiento, se había creado una Fundación que hoy continúa trabajando intensamente para la mejora de la Galicia rural.

Siglo y medio después de su muerte, Juana de Vega es una figura histórica de referencia en dos puntos muy relevantes en los que aún queda camino por recorrer: la igualdad de la mujer en todos los ámbitos y el desarrollo de organizaciones de la sociedad civil, que flexibilicen y complementen a labor del sector público.

Enrique Sáez Ponte,
Presidente da Fundación Juana de Vega


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